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Buenos Aires, Arquitectura y Patrimonio


El patrimonio arquitectónico de la ciudad de Buenos Aires en imágenes

En 1924, el belga François Pierre Verstraeten filmó los principales edificios, paseos y avenidas de Buenos Aires, para que sus familiares y amigos de Europa conocieran la hermosa y moderna ciudad donde había elegido vivir. Tres cuartos de siglo después, en esas construcciones puso el ojo y la lente su nieto Xavier, para elaborar, junto al arquitecto Fabio Grementieri, el libro Buenos Aires, arquitectura y patrimonio.

“A principios del siglo XX, en Buenos Aires hubo una globalización avant la lettre, como resultado de mirar ávidamente algunos lugares del mundo occidental y hacer una selección. Pero no había un pensamiento único, ni en lo político ni en lo económico ni en lo arquitectónico”, explica Grementieri.

Si bien la Avenida de Mayo y la city tenían un aspecto similar al actual —al margen de tranvías, carruajes y sombreros de damas y caballeros—, el libro no se detiene en ese período y llega hasta nuestros días. Se trata de un recorrido cronológico por los exponentes más representativos de cada estilo y tendencia, que cubren también áreas urbanísticas (las diagonales) y paisajísticas (el Jardín Botánico y los Bosques de Palermo).

Desplegados uno tras otro, en primer lugar impactan a los propios porteños, poco acostumbrados a mirar hacia arriba y asombrarse con columnas, balcones, cúpulas y agujas. Hemos ido al teatro Opera o al Gran Rex, hemos pasado frente al Kavanagh, conocemos la confitería Ideal, la Facultad de Derecho, la Biblioteca Nacional; hemos caminado por Puerto Madero. Pero probablemente sólo hayamos reparado en ellos por la función que cumplen, y no por su belleza y por su significado cultural.

“No nos damos cuenta, pero tenemos un conjunto de edificios monumentales que merecen ser tratados como los monumentos mayores que hay en Europa porque, en nuestra escala y en nuestro contexto, son las mejores piezas que hay en la ciudad”, observa Grementieri.

Algunas —bancos y teatros, estaciones y colegios— son de uso público, y recorrerlas con ojos desprejuiciados de visitante está al alcance de cualquiera. Para la mayoría de los palacios, que nacieron como residencias de familias aristocráticas, el libro permite espiar interiores de un lujo refinado, en el que la decoración forma parte de la concepción arquitectónica. Sorprende en ellos el trabajo de Xavier Verstraeten, por su dominio de la luz natural.

Verstraeten sacó provecho de su doble condición de fotógrafo y de editor de libros de carácter visual (su obra más conocida es Cafés de Buenos Aires), a lo cual sumó su especialización en arquitectura. “Actualmente hay un gran ‘’ruido visual’’ en la calle —colectivos, taxis, letreros, peatones—, y fue cuestión de dar en la tecla con el día de la semana y con la hora del día, para que hubiera la menor cantidad posible de gente”, cuenta.

El fotógrafo señala que “muchas de las imágenes podrían ir en un libro turístico —comenta—. Pero los textos no lo son. Preferimos epígrafes breves, si bien contienen mucha información”. En los epígrafes, los edificios figuran con su nombre original; en la guía arquitectónica aparecen con su nombre actual, junto con el de los arquitectos o ingenieros, el período de construcción, la ubicación y el barrio donde están emplazados. Los textos también se encuentran traducidos al inglés.

“La mirada de Xavier con la fotografía es la de un conservador, que no busca reciclar la pieza sino descubrir todos los valores de su autenticidad y de su integridad —apunta Grementieri—. El libro trata de resaltar esos valores y esa diversidad, que ninguna otra ciudad puede ofrecer”.

La presentación de Buenos Aires, arquitectura y patrimonio, el martes 23 a las 19 en el Centro Cultural Borges (Viamonte y San Martín), será el primer paso de un proyecto que pretende conservar las riquezas arquitectónicas y urbanísticas, y a la vez proyectar nuestra ciudad en el extranjero. El próximo será dentro de unos meses, en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Sapienza, en Roma, donde los autores difundirán el libro junto con fotografías, planos antiguos y explicaciones.

“Esta iniciativa apunta a que nos demos cuenta y demos cuenta en el exterior de lo que tenemos —resume Grementieri—. No todos los edificios están perdidos. Hay que hacer un esfuerzo para preservarlos y poner en marcha una estrategia eficaz de conservación. En definitiva, son un recurso cultural, no sólo para nosotros mismos, sino también para el turismo”.

Clarín, Marzo 2001